Caminar y producir la ciudad
De la mirada panorámica a las tácticas del peatón. De Certeau y la ciudad practicada.
Seguir los pasos →No se han encontrado resultados para esa búsqueda.
La ciudad se lee caminándola
Caminar, mezclar y cuidar la ciudad
Una guía interpretativa elaborada a partir de la guía docente, las lecturas del curso y tres trabajos propios. No pretende encerrar la ciudad en un esquema: propone recorrerla, escucharla y comprobar qué queda cuando se apagan las luces del evento.
Los cuatro bloques oficiales siguen presentes, pero aquí se reorganizan alrededor de lo que realmente sostienen las lecturas y los trabajos: prácticas cotidianas, espacio público, cultura urbana, políticas de cuidado y etnografía a ras de suelo.
Qué estudia esta guía
La antropología urbana se ocupa de las relaciones, ritmos, conflictos, clasificaciones y formas de poder que hacen posible la vida en espacios urbanizados. Puede estudiar una gran metrópoli, un barrio periférico o una pequeña ciudad articulada con territorios rurales. Lo decisivo no es el tamaño, sino observar cómo se vive juntos y quién consigue participar en esa definición.
La ciudad se entiende desde el suelo: caminar es ya una forma de leerla y, a veces, de corregirla.Síntesis del hilo de los trabajos del curso
La guía docente organiza la materia en surgimiento del campo, perspectivas teóricas, métodos de investigación y estructura y dinámica urbanas. Esta propuesta conserva ese marco, aunque lo convierte en cinco recorridos que dialogan con La Vera y Vicuña.
Los cinco recorridos
De la mirada panorámica a las tácticas del peatón. De Certeau y la ciudad practicada.
Seguir los pasos →Visibilidad, ciudadanía, hospitalidad y conflicto. Martín-Barbero y Delgado.
Entrar en la plaza →Campos culturales, medios, hibridación y conflictos urbanos. García Canclini.
Atravesar los síntomas →Ciudades creativas, gentrificación, cultura ciudadana y urbanismo social. Yúdice.
Cambiar la métrica →Cuaderno, paseo, entrevista y reflexividad. La Vera y Vicuña como laboratorios.
Salir al campo →Correspondencia con el programa oficial
Surgimiento del campo. Lo urbano como objeto complejo, atravesado por globalización, identidades y procesos contemporáneos.
Perspectivas teóricas. Desde las escuelas clásicas hasta los estudios culturales, la comunicación y las ciudades latinoamericanas.
Métodos y técnicas. Relación macro–micro, unidades de observación, redes, casos, historias, etnografía urbana y globalizada.
Estructura y dinámica. Redes, capital social, exclusión, consumo, instituciones, movimientos y diversidad urbana.
Entre el urbanista que contempla la totalidad y la persona que busca sombra, improvisa un atajo o pide permiso entre dos mesas, se juega una diferencia decisiva: la ciudad proyectada no coincide nunca del todo con la ciudad vivida.
Para situarme
Michel de Certeau parte de una oposición productiva: desde arriba, la ciudad parece legible y ordenable; a ras del suelo, millones de trayectorias la reescriben sin componer una totalidad estable.
1.1 · Dos posiciones
El panorama promete dominio: convierte la movilidad opaca en una imagen estable, separa al observador del ruido y hace pensar que la ciudad puede leerse como un texto completo.
Quien camina no contempla una totalidad. Negocia bordes, ritmos, encuentros, obstáculos, sonidos y temperaturas. Su conocimiento es parcial, corporal y situado.
Los pasos no se limitan a dejar huellas: hacen espacios, tejen lugares y vuelven habitable lo que el plano solo representa.Paráfrasis de De Certeau, «Andar en la ciudad»
1.2 · Conceptos
Operaciones de instituciones y poderes que cuentan con un lugar propio desde el que organizar, nombrar y vigilar el espacio.
Maneras oportunistas de usar un orden ajeno: esperar el momento, desviar un recorrido, apropiarse temporalmente de un borde.
Caminar se parece a hablar: selecciona posibilidades, actualiza unas y descarta otras, establece un «aquí» y un «ahora».
Las «retóricas caminantes» permiten pensar vueltas, elipsis, atajos y desvíos como figuras de un lenguaje espacial. El recorrido no reproduce el mapa: lo interpreta. De ahí que una etnografía urbana no deba limitarse a marcar puntos; necesita registrar el acto de pasar, la vacilación, el tono del saludo y la razón de una pausa.
Una topografía que entra en el cuerpo
La cuesta no es fondo. La pendiente organiza la marcha, el esfuerzo, los encuentros y la relación con el transporte.
La plaza vivida. No es una plaza de revista, sino un lugar de espera, queja, conversación y observación del tráfico.
El dato sensible. Humedad, frío del banco, olor a café y ruido del motor son información etnográfica, no decoración literaria.
El cuerpo del investigador también viaja
Desajuste corporal. El otoño que queda en la memoria se encuentra con jacarandás en primavera.
Mapa y calle. Los planes urbanos hablan de ejes y bordes; el paseo traduce esas categorías en sombra, cables, veredas y lugares para quedarse.
La noche cambia el guion. Plazas y esquinas se convierten en puntos de espera, conversación y acceso compartido al cielo.
Lo público no equivale sin más a lo estatal ni a un espacio sin dueño. Es una experiencia conflictiva de visibilidad, encuentro y pertenencia, atravesada por reglas que pueden proteger la convivencia o convertirla en un repertorio de conductas aceptables.
Para situarme
Martín-Barbero desplaza el análisis de la esfera pública hacia la experiencia urbana latinoamericana y la capacidad ciudadana de hacerse visible. El ensayo propio añade la cautela de Delgado: el «espacio público» puede convertirse en una tecnología moral y mercantil.
2.1 · Lo público en movimiento
La concepción clásica de esfera pública se vinculó al debate y a la crítica de las decisiones políticas. En América Latina, Martín-Barbero advierte que lo público se confunde con frecuencia con lo estatal, mientras la vida urbana produce otros lugares de articulación entre sociedad civil, conflicto y consenso.
Ser parte de la ciudad exige poder aparecer en ella, expresar diferencias y ser reconocido como interlocutor.
No es simple transmisión de mensajes: organiza mediaciones, encuentros y formas de pertenecer.
Se practica al participar en la definición de los asuntos comunes, no solo al poseer un estatuto jurídico.
La clave no es que todos sean iguales, sino que las diferencias puedan hacerse visibles sin quedar fuera de la ciudad.Síntesis del argumento de Martín-Barbero
2.2 · La metáfora de la hospitalidad
La hospitalidad ciudadana no consiste en eliminar la extrañeza, sino en construir condiciones para convivir con ella. La calle, la plaza o el comercio de barrio se vuelven públicos cuando admiten ritmos distintos y permiten permanecer sin exigir una identidad homogénea.
El barrio como infraestructura social
El bar como centralita. Guardar unas llaves para la madre de un vecino revela una logística basada en reconocimiento y confianza.
La caja lenta. La espera en el supermercado protege un ritmo vulnerable y convierte el comercio en centro cívico informal.
Las mujeres tejen seguridad. Entre telas y cafés circula información sobre quién necesita ayuda y quién está solo.
La periferia compartida. La incertidumbre de la guagua no es solo un problema técnico: produce dependencia, conversación y sentimiento de margen.
2.3 · Poder y género
El etnopaseo muestra dos sociabilidades con marcas de género: el bar del dominó, con golpes en la mesa y bromas ritualizadas, y la asociación de mujeres, donde varias conversaciones simultáneas sostienen una red de cuidados. No son mundos cerrados ni equivalentes, pero hacen visible que la reproducción cotidiana del barrio descansa en trabajos desigualmente reconocidos.
En Vicuña, la pregunta reaparece durante la formación de guías. Las entrevistas señalan avances en la participación femenina, aunque también la persistencia de repartos donde unas presentan y otras acompañan. El espacio público nocturno se vuelve realmente común cuando las mujeres no «ayudan» a conducir la experiencia, sino que toman decisiones, interpretan el cielo y son reconocidas como autoridad.
Las ciudades contemporáneas combinan prácticas populares, cultas y masivas. Esa hibridación no ocurre en el vacío: está organizada por mercados, medios, instituciones y políticas que distribuyen de forma desigual la capacidad de nombrar la ciudad.
Para situarme
García Canclini analiza la relación entre cultura y ciudad en un contexto de reestructuración económica: las empresas privadas ganan peso, el Estado redefine su papel y las redes audiovisuales se convierten en actores centrales de información y entretenimiento.
3.1 · Campos culturales
La apertura económica y el debilitamiento relativo de la intervención pública reordenan los campos culturales. La cultura urbana depende cada vez más de patrocinios, industrias mediáticas, redes privadas y proyectos que compiten por visibilidad. El resultado no es ausencia del Estado, sino una relación más inestable entre lo público, lo empresarial y las iniciativas ciudadanas.
Prácticas, saberes y consumos que no permanecen puros ni aislados de medios y mercados.
Instituciones y legitimidades que se redefinen cuando compiten con industrias y públicos diversos.
Redes audiovisuales y comerciales capaces de organizar agendas, imaginarios y formas de consumo urbano.
3.2 · Hibridación
La pregunta clave no es si hay mezcla, porque toda ciudad mezcla. Hay que averiguar quién la organiza, qué conflictos disimula y si el acceso a la representación está distribuido. Una feria puede acercar prácticas distintas o componer una postal que encarece el lugar que pretende celebrar.
3.3 · Síntomas y conflictos
Pobreza, inseguridad, contaminación, congestión o fragmentación aparecen a menudo como problemas separados. García Canclini propone atravesar esos síntomas y conectar malestares visibles con las estructuras que los producen. La investigación urbana gana sentido cuando logra explicar relaciones, pero también encuentra dificultades para traducir sus diagnósticos en políticas duraderas.
Manifestación observable: persianas cerradas, tiempos de transporte, miedo, desplazamiento de comercios, abandono de un equipamiento.
Relación que genera y reproduce el síntoma: decisiones de inversión, desigualdad territorial, privatización de lo común o disputa por el uso del suelo.
Una mezcla local-global bajo el cielo nocturno
La formación Starlight reúne conocimiento astronómico, expectativas laborales, políticas turísticas, memorias indígenas y formas locales de narrar el cielo. Esa mezcla no es espontánea: participan la municipalidad, los observatorios, los centros de formación, los comercios y personas que desean convertir el cielo oscuro en oficio y patrimonio.
Datos y técnicas de observación que ganan sentido al ser interpretados para públicos diversos.
Promesa de empleo y circulación económica, pero también riesgo de convertir el territorio en producto.
Relaciones de confianza, ritmos comunitarios, memoria, género y criterios sobre qué debe cuidarse.
La cultura puede abrir espacios de ciudadanía, aprendizaje y sociabilidad. También puede elevar el valor inmobiliario, seleccionar públicos y desplazar a quienes hicieron atractivo un lugar. La diferencia aparece en el diseño, pero sobre todo en la métrica utilizada para declarar el éxito.
Para situarme
George Yúdice compara el modelo de ciudades creativas con programas de cultura ciudadana y urbanismo social. En todos se utiliza la cultura, pero no para producir la misma ciudad ni con iguales consecuencias.
4.1 · Ciudad creativa
El caso de SoHo condensa una secuencia repetida: artistas ocupan espacios desindustrializados, su presencia aporta valor simbólico, la inversión inmobiliaria convierte ese valor en renta y quienes iniciaron la transformación ya no pueden permanecer. La cultura no causa por sí sola la gentrificación, pero puede legitimar y acelerar una revalorización dirigida por otros actores.
La política de marca busca atraer capital, visitantes y clases creativas. Puede mejorar equipamientos, pero su éxito suele medirse por alcance, consumo y valor del suelo; variables que no indican quién consiguió quedarse.
4.2 · Cultura ciudadana y urbanismo social
La cultura ciudadana articuló comunicación, regulación legal, moral y mutua para modificar formas de convivencia. Sus gestos performativos buscaban reconocimiento, confianza y corresponsabilidad.
El urbanismo social vinculó intervenciones culturales con transporte, educación, seguridad y espacio público. La cultura formó parte de una política territorial más amplia.
No conviene idealizar estos modelos ni trasladarlos mecánicamente. Su enseñanza principal es que la cultura funciona de otro modo cuando deja de ser evento aislado y se integra con infraestructuras, servicios y participación social.
4.3 · Cambiar la contabilidad
¿Se recuerdan nombres locales o solo el logotipo del evento?
¿Se puede estar sin comprar y sin pedir permiso?
¿Queda una rutina, una red o un proyecto la semana siguiente?
¿La mejora permite que vecinos y comercios permanezcan?
Nombre, estar y después: una regla de bolsillo para distinguir ciudad de decorado.Propuesta desarrollada en «Caminar, mezclar, cuidar» y retomada en Vicuña
Del puntero láser a una cadena territorial
Una experiencia astroturística puede limitarse a trasladar visitantes hasta un punto de observación. También puede articular transporte local, observatorio, comida, comercio, escuela, biblioteca y relatos propios. La diferencia no está en el brillo del cielo, sino en cómo se distribuyen el trabajo, la voz y el retorno.
Las pequeñas decisiones sobre luminarias, horarios, volumen de la música o participación femenina muestran que el cuidado urbano no necesita una obra monumental. Requiere orientación, coordinación y continuidad.
El campo no comienza al activar la grabadora. Empieza al decidir por dónde caminar, qué escala observar, desde qué posición se participa y cómo se devolverá a las personas algo de lo aprendido.
Para situarme
La guía docente insiste en relacionar enfoques macro y micro, delimitar unidades de análisis y observación y combinar técnicas. Los trabajos aportan dos formatos: un etnopaseo concentrado en un barrio conocido y una etnografía más amplia en un contexto urbano, rural y globalizado.
5.1 · El etnopaseo
El etnopaseo no es turismo lento ni una colección de impresiones. Es una técnica de observación móvil que sigue usos, transiciones y ritmos. Su fuerza está en permitir que la unidad de observación se desplace: plaza, bar, comercio, asociación, transporte y polideportivo se conectan en un mismo día.
Definir zona, duración, cuestión orientadora y límites éticos. Preparar libreta sin cerrar lo que se espera encontrar.
Anotar secuencias, tiempos, cuerpos, sonidos, olores, frases, silencios, accesos y obstáculos.
Separar descripción e interpretación, identificar relaciones y volver a los conceptos sin borrar la textura de la escena.
En La Vera, la dialectología popular aporta una pista metodológica adicional: las palabras no son adornos regionales. «Pelete», «fos», «agüita» o «mandarse a mudar» sitúan emociones, relaciones y maneras de clasificar la experiencia.
5.2 · Vicuña
El investigador viaja como profesor Starlight y, a la vez, observa el proceso de formación, el entorno urbano y las expectativas de quienes participan. Esa doble posición facilita acceso y confianza, pero obliga a reconocer que no se contempla la escena desde fuera.
Clases, prácticas nocturnas, conversaciones y recorridos compartidos.
Preguntas breves sobre formación, desarrollo rural, género y expectativas.
Planes urbanos, reguladores y programaciones municipales puestos en diálogo con la calle.
El cambio de hemisferio, el cuerpo, la memoria y el rol profesional forman parte del dato.
5.3 · Ética
El anexo metodológico de Vicuña informa sobre el propósito del trabajo, la voluntariedad, la grabación, el derecho a no responder, la retirada de la entrevista y la protección de datos identificativos. También incorpora el compromiso de retorno.
La ética no se resuelve con una firma aislada. Continúa en la selección de escenas, en la manera de atribuir palabras, en lo que se decide omitir y en el uso posterior del material.
Cuaderno de campo
Un barrio popular de Tenerife y una pequeña ciudad chilena vinculada al astroturismo permiten comparar sin borrar diferencias. En ambos casos, la ciudad aparece como red de relaciones, ritmos, cuidados y disputas por el modo de habitar.
Comparación
Tres pruebas
En La Vera, la cajera conoce a Doña Carmen; en Vicuña, una guía reconocida en la plaza inspira confianza antes de iniciar la actividad.
El banco, el bar, el supermercado o la plaza nocturna hacen ciudad cuando permiten permanecer y relacionarse sin imponer consumo constante.
La red vecinal, la escuela, el club o una rutina quincenal muestran que el vínculo sobrevive al encuentro puntual.
Lectura transversal
La espera paciente en una caja permite hablar de cuidado y ritmos; una guagua que no se detiene abre la cuestión de la desigualdad territorial; la distribución de la voz entre guías conduce a género y autoridad; una farola mal orientada enlaza diseño urbano, experiencia nocturna y patrimonio celeste. La antropología urbana no necesita escoger entre el detalle y la estructura: trabaja precisamente en el paso entre ambos.
También cambia la idea de «centro». En La Vera, el centro cívico real puede ser el pasillo de los detergentes. En Vicuña, el cielo nocturno conecta plaza, observatorio, hotel, escuela y territorios rurales. La centralidad se produce por las relaciones que un lugar activa, no solo por su posición en el plano.
No forman una teoría única. Cada uno ilumina una escala diferente: la práctica del peatón, la experiencia de lo público, la reorganización cultural y las consecuencias de las políticas urbanas.
Cómo relacionarlos
La secuencia no obliga a estar de acuerdo con todos. Sirve para pasar de una escena corporal a las mediaciones, de ahí a la organización institucional de la cultura y, finalmente, a la evaluación política de sus consecuencias.
La prueba útil no es reconocer una definición, sino construir una relación entre teoría, método y evidencia etnográfica. Intenta responder antes de desplegar las notas.
Comienza con la oposición entre la ciudad-panorama y la experiencia a ras de suelo. Desarrolla estrategia y táctica, y presenta el caminar como enunciación: selecciona posibilidades, establece un aquí y un ahora y dota de sentido al recorrido. Aplica el argumento a la búsqueda de sombra, los atajos o la pendiente de La Vera. Cierra señalando que el mapa conserva una huella, pero pierde el acto de pasar.
Distingue titularidad y uso efectivo. Introduce a Martín-Barbero para hablar de visibilidad, pertenencia y ciudadanía, y la lectura de Delgado para analizar la moralización del espacio. Usa ejemplos: plaza convertida en área permanente de consumo, bancos incómodos, vigilancia selectiva o imposibilidad de estar sin comprar. El criterio final es quién puede permanecer y participar sin justificar su presencia.
No describas solo los locales. Muestra las relaciones que organizan: recados, confianza, circulación de información, paciencia, ayuda y vigilancia informal. Introduce capital social y redes, y señala la dimensión de género del trabajo de cuidado. Puedes contrastar estas infraestructuras con servicios digitales: no son sustitutos técnicos, porque descansan en reconocimiento y obligación mutua.
Define síntoma como manifestación visible y conflicto como relación estructural que lo produce. Recurre a García Canclini: la fragmentación, la inseguridad o el cierre de comercios no deben estudiarse como hechos aislados. Aplica la pauta al transporte de La Vera o a la presión turística sobre una ciudad. Cierra con la dificultad de convertir diagnósticos académicos en políticas continuadas.
Presenta el modelo de ciudad creativa y la secuencia de revalorización cultural e inmobiliaria. Usa SoHo como referencia. Después explica cultura ciudadana y urbanismo social como políticas integradas en el hábitat. No idealices ninguno de los modelos. Termina cambiando la métrica: visitantes y visibilidad frente a bienestar, participación, empleo digno, continuidad y capacidad de permanencia.
Parte de una ciudad pequeña conectada con redes internacionales de formación y turismo. Relaciona ciencia, políticas municipales, observatorios, comercio, ruralidad, género y relatos indígenas. Explica la posición doble del investigador como profesor y etnógrafo. Añade las técnicas: paseo, observación participante, entrevistas y análisis documental. El argumento central es que lo global se concreta en espacios, voces y decisiones locales.
Nombre equivale a reconocimiento; estar, a hospitalidad; después, a continuidad. Ilustra cada dimensión con La Vera y Vicuña. Señala que es una regla orientativa, no un indicador exhaustivo: no mide por sí sola desigualdad, conflicto ni distribución de recursos. Su utilidad está en obligar a mirar lo que el conteo de visitantes o la fotografía promocional dejan fuera.
Formula una pregunta, delimita recorrido y duración y selecciona transiciones significativas. Especifica qué observarás: ritmos, sentidos, accesos, objetos, palabras y relaciones. Explica cómo registrarás y separarás descripción de interpretación. Incluye límites éticos, posición propia y forma de devolución. Termina indicando con qué conceptos analizarías el material y por qué.
Conceptos teóricos, metodológicos y palabras de campo. El buscador admite términos parciales y no distingue mayúsculas ni tildes.
Dos trabajos propios de investigación vinculados a esta asignatura.
Se distinguen los documentos que sostienen directamente esta guía, los trabajos propios y una selección de referencias citadas en ellos o en la guía docente.
Cucó, J. (2004). Antropología urbana. Ariel.
DocenteDe Certeau, M. (2008). Andar en la ciudad. Bifurcaciones, (7), 1–16.
CorpusDelgado, M. (2007). Sociedades movedizas: pasos hacia una antropología de las calles. Anagrama.
DocenteDelgado, M. (2023). La invención del espacio público como espacio moral. Quaderns de l’Institut Català d’Antropologia, 39(1), 27–39.
ApoyoGarcía Canclini, N. (2008). ¿Síntomas o conflictos? Políticas e investigaciones urbanas. Alteridades, 18(36), 13–22.
CorpusHannerz, U. (1986). Exploración de la ciudad: hacia una antropología urbana. Fondo de Cultura Económica.
DocenteHarvey, D. (2008). The right to the city. New Left Review, (53), 23–40.
ApoyoHayden, D. (1980). What would a non-sexist city be? Signs, 5(3), S170–S187.
ApoyoJacobs, J. (1961). The death and life of great American cities. Random House.
ApoyoKern, L. (2020). Feminist city: Claiming space in a man-made world. Verso.
ApoyoLedesma de Taoro, J. V. (2025). Caminar, mezclar, cuidar: cuatro miradas sobre la vida urbana [Trabajo de curso no publicado]. Universidad de La Laguna.
PropioLedesma de Taoro, J. V. (2025). Etnopaseo II: Un día cualquiera en La Vera (Puerto de la Cruz) [Práctica de curso no publicada]. Universidad de La Laguna.
PropioLedesma de Taoro, J. V. (2025). Etnografía urbana en Vicuña: «Noches de primavera con sueños otoñales» [Trabajo de curso no publicado]. Universidad de La Laguna.
PropioLefebvre, H. (1968). Le droit à la ville. Anthropos.
ApoyoMartín-Barbero, J. (2008). Lo público: experiencia urbana y metáfora ciudadana. CIC. Cuadernos de Información y Comunicación, 13, 213–226.
CorpusSassen, S. (1991). The global city: New York, London, Tokyo. Princeton University Press.
ApoyoSennett, R. (2011). El declive del hombre público (ed. revisada). Alianza.
ApoyoSignorelli, A. (1996). Antropología urbana. Anthropos / Universidad Autónoma Metropolitana.
DocenteUniversidad de La Laguna. (2025). Guía docente de Antropología Urbana, curso 2025–2026. Grado en Antropología Social y Cultural.
DocenteYúdice, G. (2008). Modelos de desarrollo cultural urbano: ¿Gentrificación o urbanismo social? Alteridades, 18(36), 47–61.
CorpusZukin, S. (1995). The cultures of cities. Blackwell.
ApoyoNota sobre el alcance
El programa oficial menciona un arco teórico más amplio —escuelas alemana, de Chicago y Manchester, interaccionismo simbólico, Goffman, no lugares, instituciones y movimientos sociales—. Aquí no se desarrollan como temas autónomos porque el corpus proporcionado se concentra en prácticas espaciales, comunicación, cultura urbana, políticas culturales y etnografía. La guía no sustituye ese temario general: organiza con profundidad el material efectivamente trabajado.